Querido David,

Llevo días pensando cómo ponerme a escribir la reseña de ‘La península de las casas vacías’, porque no sé por dónde empezar. Lo único que me sale es escribirte esta carta. Creo que si intento ordenar demasiado lo leído, si intento diseccionarlo, seria traicionar a la novela. Así que voy a dejarme llevar por las emociones que me ha hecho sentir tu libro.

La sensación que tuve mientras la leía fue la de estar entrando en un espacio de memoria, pero no solo histórica, sino también de memoria humana, es decir, caótica, fragmentaria, detallista y a ratos delirante. Y creo que ahí está una de las grandes virtudes del libro, en que no intentas explicar la Guerra Civil como lo haría una novela histórica convencional, obsesionada con la cronología, los datos, los bandos o la pedagogía. Lo que haces es algo mucho más incómodo: mostrar cómo la guerra destroza la vida cotidiana de quienes la padecen.

Las casas abandonadas, las familias rotas, el hambre, los vecinos y hermanos enfrentados… Todo esto aparece en la novela no como contexto o un daño colateral de la guerra, sino como el epicentro del relato. Algunos dirán que esto ya lo hemos visto otras veces, pero creo tú has ido un paso más allá y has conseguido ir de momentos casi documentales a otros que parecen un sueño o una pintura surrealista. Y es en esos momentos de realismo mágico en los que la novela me ganó por completo. Las acelgas creciendo descontroladamente sobre Jándula como anuncio de algo funesto me parecieron una imagen absurda, hermosa y profundamente inquietante al mismo tiempo. Y como este, mil ejemplos.

Entiendo que sea un libro incómodo para muchas personas, porque no busca neutralidad ni agradar a todos. Y quizá eso explique parte de la reacción que ha generado. En este país hablar de la Guerra Civil sigue siendo algo punzante por esa incapacidad de relacionarnos con nuestro pasado sin convertirlo en un campo de batalla. Y lo entiendo, porque es un capítulo muy mal cerrado, pero lo que no me entra en la cabeza es que se haya desplazado el debate literario a un acoso y derribo hacia tu persona. Y de verdad que lo siento, pero no hay mal que por bien no venga, porque tu libro y tú nos habéis ayudado a dejar el descubierto a una buena cantidad de fachas y reaccionarios que estaban agazapados.

Casi 700 páginas después, terminé la novela con admiración, con agotamiento y con la sensación de haber leído una obra profundamente viva. Una de esas novelas imperfectas en el mejor sentido: ambiciosas, arriesgadas y difíciles de domesticar. Y al final, quizá eso sea lo más valioso que se le puede pedir hoy en día a la literatura.

Gracias por levantar un lugar tan hermoso y tan devastado como Jándula. Me costará mucho marcharme de allí y alejarme de su gente.

Un abrazo.

 

Imatge destacada

AnteriorCrítica de ‘Paradise’
Aida Montoya
Soc filòloga clàssica i amant de tot allò que tingui a veure amb grecs i romans. Lletraferida de cap a peus que té com a ofici l'ensenyament i a més la correcció, la maquetació i l'edició de textos. Em passo el dia envoltada de textos, llibres i ordinadors. Amant de les fotos, els viatges i les històries.